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Las cuatro fases del acoso
Durante sus investigaciones en Suecia, Leymann
pudo comprobar que los procesos de acoso siempre ocurren del mismo modo. Los
médicos de empresa, consejeros de personal y sindicatos también tuvieron que
admitir que existía un asombroso parecido entre los casos. Observando más
detenidamente los incidentes, sorprende que las personas adultas puedan
manifestar unas conductas que sólo pueden describirse como infantiles,
ridículas, antisociales y poco civilizadas, de tal modo que, a decir verdad,
estas personas más bien tendrían que avergonzarse de su comportamiento en vez
de estar orgullosos de ello, como ocurre con mucha frecuencia.
A continuación detallamos algo más sobre las cuatro fases del acoso.
Los problemas de convivencia son, hasta cierto punto, habituales en la
familia, con la pareja, en el círculo de amigos o en el lugar de trabajo. Con
mucha frecuencia, los conflictos proceden de nimiedades y tonterías. Si un
problema de este tipo no se resuelve, sigue ardiendo, va aumentando y,
finalmente, puede convertirse en una situación de acoso. Según Leymann, esta
despreocupación podría mostrarse casi como el motivo más importante para el
origen del acoso laboral.
Hasta qué punto una discrepancia degenera en una de estas situaciones,
depende siempre de la manera en que los interesados la tratan. Se puede llevar
a cabo bastante rápidamente, si los partícipes desde el principio dicen lo
mismo o contraen un compromiso. Pero también puede terminar en una enemistad
eterna o incluso llegar a las manos.
Los problemas son necesarios e importantes para cambiar las cosas. Muchos
progresos positivos de nuestra sociedad se han alcanzado solamente mediante
discusiones constructivas y diferencias de opiniones. Podría haber muchos menos
conflictos si, según Leymann, «las personas se comportasen de una forma un poco
más cívica». Sólo una pequeña parte de los problemas se extiende a casos de
acoso, en el sentido estricto de la palabra.
La segunda fase es decisiva en el proceso de acoso. Desde el momento en que
un problema no se aclara, la víctima ya puede prepararse. En poco tiempo
ocurren los cambios más espantosos. Aquel compañero tan apreciado y querido en
su día de repente es ignorado por todos. Su confianza en sí mismo se altera
sensiblemente, se encuentra presionado y se vuelve inquieto. Según su carácter,
se vuelve arisco, antipático y desconfiado o se retrae cada vez más en sí mismo
y se mantiene callado a partir de entonces.
Si estas reacciones tienen lugar después de que haya aparecido un problema
de manera más o menos manifiesta, el proceso seguirá adelante. Sin embargo, si
la táctica se presenta de repente, el acosado ya no podrá mantener contacto con
sus compañeros y automáticamente se verá expuesto a un constante papel
defensivo. Las personas que permanezcan al margen notarán que le pasa algo
extraño.
Es muy posible que la persona que recibe este trato no tenga que pasar por
esta segunda fase. Especialmente si un superior, justo después de la primera
acometida, por decirlo así, hace callar al acosador enseguida. En ese caso,
probablemente se pasará de la primera a la tercera fase.
El acoso laboral no puede mantenerse en secreto durante mucho tiempo. No es
difícil que la sección de personal o el comité de empresa sospechen e
intervengan en el asunto. Pero entonces, la mayoría de las veces ya será
demasiado tarde para la víctima, que estará tan dañada psíquicamente que se
comportará muy mal, ya no aportará el rendimiento esperado y, muchas veces,
debido al ambiente insoportable en la empresa, habrá comenzado a ausentarse de
manera injustificada. De este modo, quienes no han participado en las maniobras
de acoso también verán la incapacidad y el fracaso de la víctima.
A menudo se intenta trasladar a la persona en cuestión a otro departamento
o incluso se le amenaza con el despido. A partir de ese momento la víctima es
considerada una persona «difícil» y un «estorbo» del que conviene deshacerse lo
antes posible. En esta situación, es muy probable que todo se le escape de las
manos y los problemas comiencen a aumentar vertiginosamente.
Bastante a menudo, mediante estas medidas preventivas se infringen las
leyes vigentes. Y todo esto sólo porque se obsesionan con la idea de deshacerse
de esta persona «difícil». Muchas acciones de acoso laboral no son demostrables
y según el Código penal no se consideran injurias o difamaciones, por lo que no
pueden aceptarse en un proceso judicial laboral.
Si pudiesen ponerse en marcha medidas jurídicas laborales, el caso se hará
oficial en toda la empresa. Como entonces se cuchicheará que algo no va del
todo bien con el trabajador en cuestión, y las personas que saben poco acerca
del procedimiento de acoso laboral, pensarán que alguna razón habrá para que
haya sucedido.
La víctima ya no tiene ninguna oportunidad más. Si nadie la ayuda, lo que
sucede la mayoría de las veces, a medida que pasan los días se sentirá más
excluida. De nuevo el asesinato moral habrá funcionado perfectamente.
Por regla general, los casos avanzados de acoso laboral terminan con un
despido. O bien la víctima se despide voluntariamente de la empresa porque ya
no tiene más fuerzas, o bien el empresario encuentra algún pretexto para
despedir a esta «persona molesta». Con frecuencia, algunas de las personas que
se ven sometidas a fuerte presión acceden a pactar una rescisión de contrato.
La persona que es acosada durante largo tiempo suele sufrir graves
enfermedades psicosomáticas. A menudo se le prescriben bajas médicas de larga
duración e incluso acaba apartada del mundo laboral.
Quien ha sufrido acoso una vez tiene problemas para encontrar un nuevo
puesto de trabajo, ya que teme que en la nueva empresa no la crean y se pongan
en contacto con la empresa anterior para saber qué ha pasado. En algunos casos
la víctima está tan afectada física y mentalmente que no puede ocultar su
problema en una entrevista personal.
Estas derrotas vuelven a colocar al trabajador bajo una enorme presión
psíquica. Se siente perdido y piensa en el suicidio. Un gran número de personas
en situación de acoso intentan suicidarse. Según los cálculos, cerca del 20 %
de los suicidios se basan en el acoso laboral.
1. Ataques sobre las posibilidades
de comunicarse
2. Ataques en las relaciones
sociales
3. Repercusiones en la estima
social. Por detrás se habla mal de la víctima.
4. Ataques sobre la calidad de la
situación profesional y de vida. No se asigna ningún trabajo a la víctima.
5. Ataques a su salud
El Sindicato Alemán de la Industria del Metal, en un folleto sobre el acoso
laboral, ha enumerado las veinte acciones más populares de acoso laboral. Son
las siguientes:
1. Hablar mal de una persona a sus
espaldas.
2. Hacerle miradas o gestos de
desprecio.
3. Rechazar su contacto mediante
señas.
4. Emitir juicios erróneos u
ofensivos de las tareas e ignorar a la persona.
5. Difundir rumores y criticar constantemente su trabajo.
6. Los superiores evitan comunicarse
con ella.
7. Se cuestionan sus decisiones.
8. Se reciben tareas muy por debajo de las posibilidades asignadas.
9. Se pone en ridículo a la víctima
o se la separa de los compañeros.
10. Se le interrumpe continuamente y se evita toda comunicación con ella.
11. Los compañeros no permiten que les dirija la palabra.
12. Se le grita y se le insulta en
voz alta.
13. Se sospecha que tiene algún tipo de trastorno psíquico. Se le obliga a
realizar trabajos que dañan su amor propio.
14. Se le amenaza de palabra.
15. Se le asignan tareas absurdas.
16. Se le asignan tareas nuevas
continuamente.
17. Se le asignan tareas ofensivas.
18. A los compañeros se les prohíbe
responder.
19. Se la ataca por su la afiliación
política.
20. Se critica constantemente su
vida privada.
Por otra parte, las mujeres suelen acosar de distinta manera que los
hombres. El comportamiento de acoso laboral dependiente del sexo no se reduce,
sin embargo, solamente a diferencias psíquicas y relativas a la educación, sino
a una libertad de movimientos diferente, pues muchos hombres poseen otros
instrumentos de poder que las mujeres, debido al diferente reparto de
posiciones en la vida profesional (véase también capítulo «El acoso entre
mujeres», pág. 64).
En Suecia se investigaron tres orientaciones de acoso laboral el acoso que
ocurre en el mismo nivel, el que sucede de un nivel superior hacia otro
inferior y el que tiene lugar desde un plano inferior a otro superior. El tipo
de acoso laboral más frecuente es el que sucede en un mismo nivel y a
continuación le sigue el que se ejerce desde una posición de superioridad. La
combinación de estos dos grupos de acosadores, es decir, de trabajadores y
jefes juntos, es mucho menos frecuente. Y el acoso laboral de un plano inferior
a un nivel superior constituye inevitablemente el último de la clasificación de
esta pequeña estadística. ¿Quién se atreve a proceder contra su jefe? Es muy
fácil que la estrategia falle y el jefe tome represalias contra su enemigo.
Si una persona acaba en la lista de acosados a causa de la envidia,
entonces los éxitos del pasado serán ignorados para que el fantasma pueda
aparecer. Posteriormente, incluso los resultados y los trabajos oficiales serán
desdeñados con frecuencia y se convertirán en una excusa para el acoso. Hay que molestar de forma indiscriminada y
procurar que la persona perjudicada dude de sí misma. Una persona que sabe de
lo que es capaz y lo que rinde y, de repente, se la considera inepta, sufrirá
enseguida las consecuencias. Si la persona es nueva en la empresa y desea
demostrar su eficacia mediante determinados trabajos, sus acosadores lo
evitarán de diversos modos. Cuando el empresario acepta contratar a una persona
un tanto a disgusto, ésta, al ser nueva en otra empresa, enseguida puede ser
considerada inapropiada, pues el miedo ante el nuevo fichaje, y de quien ya
habla todo el mundo, hará que los compañeros de su sección lo dejen naufragar
desde el principio.
Tenga en cuenta las siguientes indicaciones:
a) Sea consciente de sí mismo si ha
cometido un error.
b) Demuestre su carácter. Quien reconoce sus
errores, también puede mostrar su fuerza en un momento dado.
c) Aprovéchese de las debilidades del posible acosador,
mostrándole comprensivo y tolerante de sus fallas.
Es muy importante seguir estas indicaciones:
a) No tolere las habladurías sobre su vida privada.
b) Devuélvale sus propios
argumentos.
c) Forme un equipo cuanto antes.
d) Diríjase a los superiores.
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